ACTO DE HOMENAJE DE LA ASOCIACIÓN DE PROFESORES DE FILOSOFÍA DE LA UC A COLEGAS DESIGNADOS PARA EJERCER CARGOS SUPERIORES EN EL GOBIERNO NACIONAL
Centro Cultural de la República “El Cabildo” – 13 de octubre del 2008
Palabras de ocasión del Prof. José Miguel A. Verdecchia
Un privilegio que valoro es el que me ha otorgado la Asociación de Profesores de nuestra Facultad al concederme el honor de dirigir algunas palabras en este acto de homenaje a los colegas Diana Serafini, Marilyn Rehnfeldt, Alejandro Hamed, Jorge Lara Castro, Oscar Rodríguez, Melquíades Alonso, Luis Alberto Riart, Luís Armando Galeano y Jorge Rolón Luna, que recientemente han sido convocados para ocupar importantes posiciones en los cuadros superiores del gobierno nacional.
Estas designaciones constituyen para nosotros motivo de gran alegría porque se trata de una distinción y un reconocimiento a los merecimientos personales de nuestros colegas, que muchas veces, por razones mezquinas, nos son negados en nuestra propia Universidad.
El hecho de que esta convocatoria haya recaído en ellos nos proporciona realmente una doble satisfacción, porque además de tratarse de colegas a los que mucho apreciamos y respetamos por sus cualidades humanas y profesionales son, en casi todos los casos, personas a las que nos encontramos estrechamente unidos por lazos que han ido forjando una identidad común en torno a nuestras coincidencias en la lucha por mantener en alto la vigencia de principios y valores de la vida universitaria que cada vez se encuentran más ausentes en la práctica de nuestra institución.
Con casi todos los compañeros hoy homenajeados, desde muy antiguo, hemos compartido sueños, aspiraciones y esperanzas -hasta hoy irredentas- de una universidad distinta. Sueños y esperanzas que, a pesar de las condiciones adversas que hoy más que nunca se ciernen como negros nubarrones sobre nuestra universidad, seguimos manteniendo con la misma persistencia y tozudez de nuestros años jóvenes y que se recrean y se expresan en nuestras luchas diarias por la instauración de una universidad pluralista, democrática y participativa, que construya su cotidianeidad sobre la base del diálogo y la excelencia académica.
Nos enorgullece saber que somos parte de una generación de docentes que ha renunciado al palabrerío grandilocuente e intrascendente que tienen como única morada el papel o los oídos interesados de los oportunistas. Nos enorgullece saber que nuestras pretensiones son mucho más modestas, porque nos conformamos con pequeños y humildes actos y gestos que tratan de mostrar lo profundo de nuestras convicciones; que busca hacer patente la correspondencia entre el pensamiento y la acción.
Contrariamente a lo que muchos hoy hacen en nuestra Universidad, somos parte de una generación de docentes que antes que hablar de valores y principios prefiere testimoniar con sus actos su adhesión a ellos;
Que evita hablar de diálogo, pero que se empeña afanosamente en dialogar;
Que no habla de democracia, pero trata de actuar respetando al otro, aceptando el disenso y construyendo consensos en los diferentes ámbitos de nuestras vidas;
Que no habla de participación, pero trata de participar y ser participativa en su conducta institucional, en su vida académica y en su quehacer gremial:
Que no habla de responsabilidad académica, pero trata de asumir sus funciones con seriedad, respeto y responsabilidad;
Somos parte de una generación de docentes que no presume saberlo todo o de ser los únicos depositarios de la razón y la verdad con la arrogancia propia del ignorante; antes bien, prefiere la humildad del que sabe lo poco que sabe; y del que sabe que en eso poco que sabe puede estar equivocado;
Somos parte, en fin, parte de una generación de docentes que evita decir aquello que no esta en condiciones de sostener con sus actos; Que no habla ni justifica sus acciones apelando a principios: simplemente lo hace. Y si lo hace mal, tiene la humildad, la responsabilidad y la entereza de admitirlo.
Si hay algo que nos distingue, en este largo peregrinar propio de nuestra condición humana, es el haber aprendido que al final, lo que cuenta en la vida es haber tenido el coraje y la valentía de vivir manteniendo una armoniosa correspondencia entre el pensamiento y la acción.
En esta época marcada por el retorno de los grandes fariseos, mimetizados de mil y una formas en todos los ámbitos institucionales de nuestro país y de nuestra universidad, nuestro gran desafío no es otro que el desenmascarar la falsedad de su doble moral; de enrostrarles las miserias de su pobre y mezquina actuación de cara a los principios en cuyo nombre dicen actuar; de expresar con todas nuestras fuerzas que estamos hartos de los predicadores de grandes principios éticos que nada tienen que ver con sus conductas en la vida.
Esto creo que es lo que fundamentalmente nos distingue de los otros. Y esta es la conducta que esperamos que los compañeros hoy homenajeados sepan seguir manteniendo en alto en su actuación pública en la gestión de gobierno que les espera.
También queremos decirles, queridos colegas, que si bien compartimos sueños y utopías y hemos optado por un camino común para construir nuestras vidas, este reconocimiento que les estamos haciendo no constituye en modo alguno un acto irreflexivo de adhesión incondicional que les exime de toda responsabilidad futura por sus actos.
Ustedes deben saber –y estamos seguros que lo saben- que así como nos enorgullece el haber compartido años de luchas e inquietudes, de sueños y esperanzas, nuestros espíritus seguirán manteniéndose libres. Criticaremos sus actos con objetividad y altura, porque sabemos que así estaremos contribuyendo con ustedes a mejorar su gestión. Y seremos inflexibles si su integridad llegare a flaquear. Porque de ocurrir esto último, no solamente ustedes serán responsables de la inconducta cometida, sino que de alguna manera, estarán traicionando la adhesión a los principios que nos han mantenido unidos por muchos años; porque estarán defraudando la confianza y las expectativas que muchos hemos forjado en torno a sus personas y a su desempeño.
Diana, Marilyn, Alejandro, Jorge, Oscar, Melquiades, Beto, Luis y Jorge: queremos decirles que desde lo más profundo de nuestros corazones abrigamos la esperanza de que el desempeño de ustedes en los diferentes cargos para los que fueron nominados será un nuevo motivo de orgullo para todos nosotros.
Tengan la certeza de que en ese difícil camino que deberán construir siempre estaremos cerca de ustedes. Cuando necesiten de alguien que les escuche, o requieran de un consejo desinteresado, o simplemente necesiten el aliento del amigo, tengan la seguridad que allí estaremos. No duden en llamarnos. Recuerden siempre que tienen amigos y que al final de la jornada acabarán volviendo a ellos.
Tampoco olviden que el poder siempre es efímero, que con mucha facilidad envanece, y que permanentemente pone a prueba nuestra integridad. No olviden que nuestra mayor riqueza y la mayor herencia que podemos dejar a nuestros hijos y a la sociedad es nuestra conducta en la vida.
Finalmente, no nos resta sino decirles que estamos seguros que estas nominaciones más que una distinción personal para ustedes, distinguen y dan lustre al gobierno nacional. Les deseamos éxitos en sus gestiones, con la esperanza de que un día podamos decir con orgullo que nuestros colegas Diana, Marilyn, Alejandro, Jorge, Oscar, Melquíades, Beto, Luís y Jorge, desde su gestión en el gobierno, ayudaron a construir este nuevo país.
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